Más como moneda que como tecnología, lo cierto es que el Bitcoin ha causado suspicacia a muchos gobiernos. Sin embargo, su potencial se ha evidenciado en múltiples ocasiones, por lo que, si bien es cierto que algunos Estados han decidido vetarlo por completo de sus sistemas, otros han decidido investigarlo a profundidad para crear regulaciones adecuadas.

Pertenece a este último grupo la Unión Europea, cuyo Parlamento formó un cuerpo de monitoreo para esta tecnología, con miras a una futura regulación que le permitiera tanto desarrollarse como evitar su utilización en actividades ilegales. Otro punto a favor de su parte hacia el Bitcoin fue librarlo de impuestos desde hace casi un año.

Pese a todo, las criptomonedas siguen causando suspicacia. Así lo ha expresado en un reciente documento de opinión del Banco Central Europeo, que tiene como principal inquietud el hecho de que su falta de control pueda fomentar su uso para financiar distintos crímenes.

Las monedas digitales no necesariamente tienen que ser intercambiadas por monedas legalmente establecidas. También podrían ser utilizados para adquirir bienes y servicios, sin que sea necesario el cambio a una moneda de curso legal o el uso de una cartera custodiada. Dichas transacciones podrían no estar cubiertas por ninguna de las medidas de control previstas en la propuesta [de regulación] y podrían proporcionar un medio para financiar actividades ilegales.

Banco Central Europeo

Por ello, en el mismo documento, el BCE invitó a los organismos legislativos a no promover el uso de las criptomonedas como medio de pago. Otras de las preocupaciones que expresaron con respecto a estas, fueron su volatilidad con respecto a las monedas fíat, la falta de garantías para sus usuarios y el hecho de que, de seguir creciendo, en un futuro próximo puedan afectar “el control de los bancos centrales sobre el suministro de dinero, con posibles riesgos para la estabilidad de precios”. De modo que, además de exhortar a no promover su uso, también sugieren una estricta regulación sobre las criptomonedas.

Por tanto, si bien es apropiado para los cuerpos legislativos de la Unión, en consonancia con las recomendaciones del FATF (Grupo de Acción Financiera Contra el Blanqueo de Capitales, por sus siglas en inglés) regular las monedas virtuales a partir del anti-lavado de dinero y la lucha contra las perspectivas de financiación del terrorismo, no deben buscar en este particular contexto promover un uso más amplio de las monedas virtuales.

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No son el primer organismo en proponer un mayor control sobre este ecosistema. El pasado julio, tal como indica el BCE, la Comisión Europea estableció diversas medidas regulatorias sobre la moneda digital para evitar el lavado de dinero y el terrorismo, y poco después expuso la idea de crear una base de datos para centralizar a todos los usuarios Bitcoin en Europa, lo que sin duda lograría que se perdiera el ideal original de la primera criptomoneda en este territorio.

Por otro lado, la Europol ha establecido en una exhaustiva investigación que las criptomonedas son el método de comercio preferido entre los criminales cibernéticos, algo que tampoco le augura un futuro libre al Bitcoin en este continente. Al menos, la tecnología blockchain se salva de este previsto control, pues incluso el BCE se ha planteado implementarla en su infraestructura.