A tan solo minutos de conocerse los resultados electorales para la presidencia de los Estados Unidos, las repercusiones comenzaron a sentirse. La poca confianza que despierta el recién electo candidato republicano en distintos actores del mundo se reflejó inmediatamente en los mercados de capitales y divisas. Bitcoin no se ha escapado de ello.

En política y en economía, la incertidumbre por el devenir es una de las variables que con mayor peso signa los fenómenos. La ignorancia respecto a los posibles desenlaces inquieta a los hombres cuando las acciones aparecen como puntos de inflexión, momentos de cambios bruscos y repentinos: tal como la elección del próximo presidente de los Estados Unidos de América. Más aún, si el candidato ganador resulta ser Donald Trump.

Al igual que sucedió con el Brexit, apenas fue anunciado el triunfo de Trump, el precio del bitcoin frente al dólar estadounidense comenzó a escalar. Los escenarios inciertos que se abrían como posibilidades ante el triunfo del candidato republicano, llevaron a gran número de inversores a buscar refugio para el valor de su dinero en la moneda que se ha convertido (especialmente en el caso del varias veces devaluado yuan chino) en la vacuna preventiva contra las posibles infecciones en el sistema financiero: Bitcoin. De 704 USD en los que se encontraba la divisa digital el día de ayer antes de anunciarse los resultados, Bitcoin despegó abruptamente a un pico de casi 740 dólares.

La criptomoneda original no fue la única que experimentó variaciones tras el anuncio. Los mercados de valores estadounidenses también se vieron afectados con una caída de entre 4% – 5%, mientras que el euro aumentó su valor frente al dólar en un 2%.

Sin embargo, honrando el principio de incertidumbre connatural a la vida humana, al momento en que se escribe, a algunas horas de revelarse el resultado, la realidad parece otra. Como si el pánico que se levantó como una polvareda cuando se supo de la victoria de Trump se hubiera asentado para dejar a los inversores una perspectiva más limpia y lúcida del panorama, los índices bursátiles del Dow Jones más que estabilizarse, viraron hacia una tendencia alcista. Como la calma después de la tormenta, el festín casi orgiástico de compras de bitcoins que se sirvió anoche y esta mañana en las casas de cambio del mundo parece haber saciado a los comensales, quienes pausaron su ingesta frenética de monedas haciendo descender el precio de bitcoin a una media de 724 USD/BTC.

Con todo, lo más interesante del panorama actual es que, según los movimientos observables en fiatleak, portal que provee una visual del flujo de compras de bitcoins en el mundo, el mayor tráfico de monedas en este momento no proviene, como se esperaría, de Estados Unidos; como si fuera un chiste repetido, la mayor circulación de compras proviene de China.

Si bien ya dejamos atrás la política internacional escindida en dos polos del siglo XX, y Estados Unidos y Rusia ya no ostentan el poderío de entonces como líderes incuestionados de la OTAN y el Pacto de Varsovia, es innegable que la importancia geopolítica de Estados Unidos sigue siendo central y preponderante. No obstante, los gráficos parecen indicar que los rumores respecto a futuras regulaciones de Bitcoin en el país asiático tienen un responsabilidad de mayor peso en las últimas variaciones del precio de la criptomoneda, a pesar de haber producido su descenso en un primer momento. 

Trump y el futuro de Bitcoin

Aclarado este punto, parece importante poner las cosas en su lugar. Pecaría de ingenua una reflexión que no le diera su justa gravedad a la elección de un personaje como Trump para la presidencia de los Estados Unidos. Y digo personaje desde la acepción griega original de persona, prósôpon, que refiere a la máscara utilizada por los actores en el teatro. Dentro de la narrativa que se construyó para la campaña, Trump representó el papel de un personaje que pretendía cautivar a cierto grupo de la totalidad de votantes estadounidenses mediante el conflicto y la polémica. Con sus comentarios intolerantes y radicales, el entonces candidato presidencial buscó generar identificación y empatía entre cierta parte del electorado que, si quizás no se sentían desplazados antes de la campaña, el discurso de Trump hizo emerger en ellos tal sentimiento.

Una vez terminada la campaña, el libreto es otro y el personaje a representar también debería serlo. Si bien el recién electo presidente ha demostrado una gran tecnofobia en su discurso, sin decir mucho sobre su aparente ignorancia al proponer cosas como llamar a Bill Gates para cerrar el Internet, la política tras bastidores es otra distinta a la caricatura que ofrecen los medios. Aunado a la variedad de asesores y think tanks que le pulularán alrededor, la gestión de Trump tendrá múltiples grupos de presión y de intereses ejerciendo influencias para que sus políticas sean favorables al avance tecnológico. Hay que recordar que, en nuestro tiempo, el poder se mide, más que en términos de armas, en términos de tecnología.

Y si aún parece ingenuo pensar que la administración Trump será favorable a Bitcoin y las criptomonedas, horizonte casi completamente improbable pues, en su fundamento, las divisas digitales buscan atentar contra la lógica misma de la institución Estatal como la conocemos, hay que recordar que las políticas presidenciales estadounidenses se inscriben dentro de una organización federal en la que cada entidad legisla, ejecuta y juzga sobre su propio territorio. Esto sin mencionar la estructura tripartita del Poder Público Nacional, dividida intencionalmente para hacerse contrapeso entre poderes y evitar la toma de decisiones discrecionales por cualquiera de los mismos. Por esto, si bien un nuevo jugador ha entrado en el tablero, los que permanecen en sus posiciones de poder seguirán aplicando las políticas que han venido realizando.

Si ampliamos aún más la mirada y observamos el conjunto de la dinámica mundial, en este época aparentemente multipolar y globalizada, los Estados Unidos se inscriben dentro de una lógica cada vez más aérea y reticular, donde las fronteras entre los países no solo se han hecho físicamente más porosas y permeables, sino que se han elevado a niveles más ingrávidos e imperceptibles, gracias a tecnologías como las nubes, el Internet y, por supuesto, Blockchain.

En este marco, a pesar de la incertidumbre connatural a los fenómenos políticos y a la vida misma, e imposibilitados a realizar pronósticos certeros e infalibles sobre el futuro de la política estadounidense bajo la dirección de su nuevo Ejecutivo, Bitcoin sigue siendo una oportunidad y una herramienta del individuo global para eludir las posibles decisiones arbitrarias de cualquier mandatario, al tiempo que le garantiza autonomía financiera como emisor de su propio dinero. Al igual que sucedió en el alba de Internet, cuando se intentó normar obcecadamente el ciberespacio sin ningún éxito destacable, el único pronóstico que parece posible es que, mientras haya usuarios de Bitcoin en el mundo, las criptomonedas seguirán evolucionando.