Hasta el momento, las criptomonedas se han utilizado más por sus distintas capacidades que por estar definitoriamente relacionadas a un territorio geográfico o político en específico. De hecho, uno de sus principales atractivos es precisamente no estar ligadas a ninguna institución o gobierno, por lo que usuarios de cualquier lugar del mundo pueden utilizarlas sin necesidad de intermediarios y sin límites fronterizos para realizar transacciones.

No obstante, ya existen diversos esfuerzos por parte de bancos centrales para desarrollar una criptomoneda nacional emitida y controlada por ellos. Aunque el caso de Escocia con su criptomoneda Scotcoin es bastante particular, y puede tomarse como un precedente o un vistazo de cómo podría ser la adopción de criptomonedas en el futuro.

La tensión de donde surge Scotcoin

En la actualidad el Reino Unido es reconocido oficialmente como un país conformado por varios territorios que, a su vez, han tenido sus propias leyes y cultura a lo largo de los siglos. De hecho, aun hoy, a un nivel cultural, los reconocemos como entes diferentes: Escocia, Irlanda, Gales e Inglaterra. Este orden unificado es más bien joven: fue en 1707 que se firmó el Acta de Unión, aunque lo cierto es que dicha unión nunca ha sido demasiado sólida ni en términos legales ni mucho menos en términos culturales. El Reino Unido ha amenazado una y otra vez con fragmentarse, tal como prueba la vigente división entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, y, por supuesto, el movimiento independentista de Escocia que data del siglo XIX.

En el siglo XX tal movimiento cobró mucha más fuerza, hasta que en 1999, tras un referéndum de aprobación, recuperó su propio Parlamento después de casi 300 años. Pero esto no resultó suficiente para los que anhelaban la independencia, así que en 2014 se llevó a cabo un nuevo referéndum para que los escoceses respondieran una sola pregunta: «¿Debería Escocia ser un país independiente?»

La profunda identidad regional de Escocia es bastante conocida, así que la respuesta negativa final podría sorprender. Sin embargo, el margen fue bastante tenso: un 55,3 % de los votos contra un 44,7 %, en unas elecciones con una tasa inusualmente alta de participación. Las razones para la negativa fueron que Escocia podría convertirse, sin ser parte del Reino Unido, en un territorio más bien débil política y económicamente. Pese a ello, puede verse patente que casi la mitad de sus ciudadanos estarían dispuestos a volver a sus raíces; después de todo, Escocia fue independiente por muchos más siglos de lo que ha sido parte del Reino Unido.

La semilla está ahí dispuesta a germinar, y el Brexit votado en junio puede convertirse en un aliciente definitivo. La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea ganó por un 51.9% de los votos, pero el caso es que la mayoría de esos votos provenían de Inglaterra y de Gales, no así de Irlanda del Norte, Gilbratar y, claro, Escocia, territorios donde se impuso la opción de seguir formando parte de la UE. Debido a ello el pasado octubre Nicola Sturgeon, Ministro Principal de Escocia, anunció que solicitarían un nuevo referéndum para votar una vez más la independencia de esta nación, que entonces, a diferencia del Reino Unido, buscaría seguir en la UE.

Esto no quiere decir, sin embargo, que la independencia de Escocia tenga grandes posibilidades de suceder pronto. En primer lugar, Inglaterra tendría que aprobar dicho referéndum, y en segundo lugar, probablemente la popularidad de la opción independentista ha caído junto a los precios del petróleo, una de las principales fuentes de ingresos de la región.

Pese a todo, los aires de independencia siguen allí y si hubiera que apostar, pareciera que Escocia podría realmente formar una nación soberana antes de que concluya este siglo. Para este caso especialmente es que entra en escena la que pudiera ser una solución a la hora de reemplazar de su sistema económico la libra esterlina: Scotcoin.

Una moneda nacional disruptiva

Al independizarse, Escocia tendría abiertos tres caminos para una moneda nacional: crear una libra escocesa (£Scot), quedarse con la esterlina e intentar optar por el euro y una tercera opción surgida desde el 2013, la criptomoneda Scotcoin.

Kenny Low, gerente del bar The Arlington en Glasgow, uno de los más bien pocos establecimientos que comercia con Scotcoin, piensa que en los próximos cuatro años esta criptomoneda podría ser implementada con éxito. Su hermano, David Low, empresario en esta misma ciudad, opina que si una Escocia independiente “quiere tener la más mínima oportunidad, debe tener su propia moneda” en lugar de adoptar la libra esterlina, vía que muchos consideran la más segura.

Scotcoin ofrece todas las ventajas de cualquier criptomoneda: pagos P2P, comisiones bastante bajas, cierto grado de anonimato, transacciones disponibles en cualquier momento y datos resguardados sobre la inquebrantable blockchain de Bitcoin, siendo un token construido en Counterparty.

Sin embargo, cabe mencionar que la confianza en ella por parte de los ciudadanos, hasta la fecha, ha sido muy baja. Su oferta monetaria total es de 1 billón, de los cuales, para su promoción, 980 millones fueron pre-minados para ser repartidos de forma gratuita entre los residentes en Escocia a razón de 1000 Scots por ciudadano. Aun así, su difusión y crecimiento han estado más bien estacados. Su intercambio se limita únicamente a dos opciones fuera la opción interna en ScotcoinProject, a través de las casas de cambio Anaedv y Bittrex, y los establecimientos o servicios que las aceptan como método de pago son literalmente diez, según se indica en su página oficial. Resulta evidente que la mayoría de los escoceses todavía desconocen esta tecnología, y por tanto, no se sienten inclinados a utilizarla.

Por otro lado, también hay que darle algo de crédito a la Scotcoin. Fue creada en 2013 y hasta los momentos no ha desaparecido, pues sin duda está considerada entre las opciones a implementar, y no sólo en caso de independencia. Para David Low y para muchos escoceses más, las criptomonedas son “la evolución natural del dinero” y su adopción pondría a Escocia como pionera de un futuro no muy lejano. Además, también podría servir paralelamente junto a la libra. Ahora mismo entra en el top 100 de capitalización en el mercado, y no ocupando el último puesto, sino el 65 a un valor de $0.001561. Esto tiene su mérito, dado que incluso supera a los SteemDollars, pertenecientes a una de las blockchains más resaltantes del 2016.

Con independencia o no, Scotcoin parece estar avanzando a un paso lento pero seguro en su camino para convertirse en una moneda nacional. Y esto es algo que revela mucho sobre las capacidades de las criptomonedas.

En tiempos de crisis

En el relato literario King of Bitcoin de Kayleen Knight se cuenta cómo en 2019 un colapso financiero mundial dejó como único remedio el Bitcoin y las criptomonedas. Quizás esto sea tan sólo ficción, pero lo cierto es que tiene un trasfondo real.

Para el caso de Bitcoin, ya sabemos que llega triunfal al 2017 aumentando su valor inicial en 2016 de unos $400 a los $1000, y esta escalada se atribuye sobre todo a varios episodios resaltantes de crisis e incertidumbre alrededor del mundo: la devaluación del yuan chino, la difícil situación bancaria y restricción del oro en India, el Brexit, la caída de los precios del petróleo y la victoria de Donald Trump.

Scotcoin, por su parte, tomó su auge debido a uno de los temas que se debatieron durante el referéndum para la independencia de Escocia: el sistema económico que se debería recorrer y con qué divisa. La criptomoneda fue considerada como una de las opciones a considerar, en este caso, también para abrirse al mundo, pues los Scots no se limitan a Escocia sino que pueden ser intercambiados globalmente.

En otras regiones del mundo la creación de una moneda digital también ha sido planteada como solución. Zimbabue, en África, es un caso destacado, ya que sufre una crisis financiera tan fuerte que sus ciudadanos utilizan distintas divisas internamente. En países como Grecia, China y Senegal se está prestando atención a esta tecnología por el mismo resumen: crisis de algún tipo que podría ser solucionada implementando un sistema financiero digital.

Por supuesto, no siempre el motivo de adopción de las criptomonedas es la crisis. Australia y Suiza son buenos ejemplo de ello: incluso sin crisis, este tipo de economía provee ventajas que no pueden encontrarse en moneda fiduciaria. Prometen un desarrollo superior, algo imposible de ignorar.

Sin embargo, el caso de Scotcoin resulta llamativo en un sentido más político que económico. Nos recuerda que la crisis no es más que una dolorosa transición hacia otro estadio, hacia un futuro que puede ser mejor que el presente. El que las criptomonedas sean consideradas desde ahora como parte fundamental de él es sin duda un augurio de cómo podrá ser la adopción en lo próximo.

Aun en nuestro siglo, muchos territorios, tal como Reino Unido, tienen sus propios conflictos separatistas, por no mencionar graves crisis económicas. Entre los países que atraviesan conflictos tenemos como ejemplos el País Vasco en España y el Tíbet en China, y entre los que sufren crisis económicas incluyen Venezuela, México y Somalia. Si Scotcoin puede decirnos algo desde ahora, es que en unos cuantos años no resultaría sorprendente tener noticia de que estos territorios han adoptado las criptomonedas tanto para establecer una identidad nacional como para dar término a los problemas que han generado monedas fiduciarias de emisión centralizada.

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