Toda Latinoamérica y buena parte del mundo posó su atención en Ecuador durante el domingo 2 de abril, día en que se desarrolló la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del país meriodional, proceso que puso a prueba la tendencia reciente de cambio de ideología que atraviesa esta convulsa región del globo.

Tras una primera vuelta sumamente reñida, los candidatos del Movimiento Alianza País, Lenín Moreno y del Movimiento CREO, Guillermo Lasso se enfrentaron en una nueva contienda signada por el escepticismo y los rumores, pues las encuestas realizadas previo a la jornada y a boca de urna arrojaban resultados contradictorios. Luego de publicarse los resultados, las denuncias de fraude se hicieron presentes, poniendo sobre el tapete la pertinencia de la tecnología blockchain en los procesos electorales.

Panorama electoral: resultados de la primera vuelta y balotaje

Teniendo en cuenta la relevancia de estas elecciones para la configuración geopolítica de Latinoamérica, se entiende lo reñido de los resultados, y la necesidad que tuvo el pueblo ecuatoriano de emplear dos vueltas para definir al ganador.
En la primera vuelta, realizada el 19 de febrero y tras el escrutinio del 70% de los votos, el proceso de conteo se ralentizó, generando suspicacias en torno a la legitimidad de los resultados, poniendo en entredicho los datos parciales ofrecidos por el director del Consejo Nacional Electoral (CNE) ecuatoriano, Juan Pablo Pozo. El máximo órgano electoral publicó los resultados hasta el 81.4%, donde se quedó un buen tiempo, acrecentando las denuncias de fraude.
Inclusive, varios ciudadanos miembros de organizaciones políticas y seguidores de los opositores a la “revolución ciudadana”, manifestaron frente a Quito. Ese día Moreno acumuló 39,34% de los votos, Lasso 28,15%, mientras que el resto de candidatos se repartieron el 32% restante.

El domingo 2 de abril, los ecuatorianos volvieron a las urnas, pues, en primera instancia, Moreno se impuso, aunque no alcanzó las condiciones electorales establecidas para hacerse con la presidencia. Esta vez, el candidato de la coalición oficialista UNIDOS, se llevó la victoria, aunque ganando en un número menor (11) de provincias que Lasso (13). La diferencia entre ambos candidatos fue mínima, aunque se decantó en favor del oficialista con un 51.17% frente a 48.83%. El actual presidente ecuatoriano Rafael Correa, informó que, tras el escrutinio del 94% de las actas, la tendencia era irreversible.

El proceso contó con acompañantes de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Unión de Naciones del Sur (Unasur), aunque fueron excluidas las delegaciones de veedores de la Unión Europea.

Resultados contradictorios, encuestas pre-elección y exit poll

Desde 2016 comenzó la guerra de encuestas, un intenso intercambio de estudios y números que mostraban como vencedores a cada uno de los candidatos a partir de una supuesta intención de voto. Por ejemplo, según CEDATOS, Lasso hubiese resultado electo con el 40% de los votos en la primera vuelta, mientras que según Perfiles de Opinión, Moreno hubiese arrasado.

Este choque de datos, calificado por el presidente saliente Rafael Correa como imposible estadísticamente, se mantuvo durante buena parte del lapso antes de las elecciones, manifestándose de nuevo con las encuestas exit poll, lo que acrecentó las dudas y las denuncias de fraude. Correa trató de salir al paso ante la “manipulación” de las cifras, asegurando que alguien mentía.

Es precisamente en este panorama tan delicado en donde más relevancia toman las aplicaciones que pueda tener la tecnología para mejorar la credibilidad y legitimidad de este tipo de procesos, condición sine qua non del sostenimiento de la democracia y la política tal y como la conocemos actualmente. Particularmente útil y reveladora se antoja la tecnología de contabilidad distribuida que funciona tras las operaciones con criptomonedas; hablamos de blockchain.

Una de las principales fortalezas que ofrecería la aplicación de blockchain a las elecciones es que los registros son inmodificables, por lo que los resultados serían fiel reflejo de la voluntad popular. Aunado a esto, la naturaleza pública y compartida de los datos registrados en una blockchain permitiría hacer un escrutinio mucho más veloz, aumentando la transparencia del proceso, con el consecuente repunte de la legitimidad de los resultados.

La aplicación de la tecnología de contabilidad distribuida a las elecciones eliminaría definitivamente la zozobra que envuelve a este tipo de procesos, poniendo fin al uso inescrupuloso de encuestas y otros instrumentos de manipulación. En el caso concreto de las elecciones ecuatorianas, los conatos de violencia registrados en Quito, las denuncias de fraude e incluso la impugnación que ha anunciado Lasso se habrían podido evitar: a través de la aplicación tecnología blockchain las elecciones en Ecuador habrían reflejado fielmente el compromiso democrático de los millones de ciudadanos que votaron.

“Dilema moral”, corrupción y marketing político

Durante el cierre de la jornada electoral se vivieron momentos de tensión. Las encuestas exit poll cumplían su papel como disparadores de la opinión pública, y los candidatos de una y otra coalición procedieron a declararse como vencedores. En ese momento las redes sociales se agitaron, pues antes los ojos de los ecuatorianos ambos candidatos enarbolaban la verdad de las cifras. Se dispararon los rumores de fraude.

El presidente Correa instó al pueblo de la nación meridional a mantener la calma, asegurando que los resultados contradictorios de las encuestadoras eran estadísticamente imposibles: “Alguien miente. Hay que esperar”, instó. Sin embargo, momentos después, a través de su cuenta en la red social Twitter, @MashiCorrea, el presidente ecuatoriano oficializó la victoria de Moreno, asegurando que el “fraude moral de la derecha” no quedaría impune.

Sin embargo, el “fraude moral” denunciado por correa es un terreno fértil para los políticos en la actualidad, un espacio oscuro a partir del que, con los instrumentos adecuados del márketing político, se fraguan los votos, pues en un escenario de polarización y poca diferencia, capitalizar la intención de votos es un objetivo que no siempre se cumple de manera ética, tal y como se evidenció en el cierre del balotaje.

Blockchain como reserva de verdades

Entre tanto, algunos países empiezan a ver con buenos ojos la aplicación de blockchain a las elecciones y a otros ámbitos más allá de las criptomonedas, como reserva de veracidad y auditabilidad.

En la provincia surcoreana de Gyeonggi-do ya se realizó la primera experiencia de votación basada en blockchain.  Estados Unidos, en el estado de Maine ya se ha proyectado la posible realización de un proceso electoral soportado con esta tecnología. Por su parte, el parlamento de la UE también discute las bondades de este sistema, y sopesa la posibilidad de crear una aplicación de blockchain exclusiva para procesos electorales. También nacen iniciativas de crowdfunding que buscan investigar las potencialidades y debilidades de blockchain en materia electoral, como el caso de FollowMyVote. En Arizona, y aunque no tiene directamente que ver con el tema electoral, los contratos inteligentes y las firmas digitales asociadas a blockchain ya gozan de carácter legal, y son entendidos como una “reserva de verdad”; mientras que los gobiernos del mundo investigan las aplicaciones de la tecnología en la administración pública, por lo que pensar en elecciones transparentes garantizadas por blockchain, deja de ser una quimera.

Scan to Donate Bitcoin
¿Disfrutaste leyendo este artículo? Agradece a con una propina:
Bitcoin 1NRrb3pQwkkbZsteP1djht3cRn92GzHYNK
DAR PROPINA