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Blockchain: la revolución de la descentralización

Blockchain: la revolución de la descentralización

En Europa, hace siglos, la gente debía cargar oro y metales preciosos encima para poder comprar lo que necesitase. Era algo inseguro desde luego y bastante incómodo. Fue entonces cuando a alguien se le ocurrió que podía guardar el oro y a cambio emitir papeles, vales que certificaran que el portador tenía una determinada cantidad de oro guardada en un sitio específico. Ese fue el nacimiento del papel moneda, el inicio de eso que hoy llamamos billetes, una moneda.

Pero resulta que desde su misma génesis había ya un elemento de control central en el papel moneda: el responsable de guardar el dinero, el que emitía el vale, ese que pasó a llamarse “banquero” con el paso del tiempo. Era él quien concentraba el dinero en la praxis y pronto descubrió que podía prestar ese dinero a otro y cobrarle intereses.

Así, poco a poco el banquero pasó a ser una empresa denominada banco y, a su vez, comenzaron a aparecer bancos en los distintos países, cada cual concentrando grandes cantidades de dinero y registrando en sus libros todas las transacciones, préstamos, contratos, compras, ventas y deudas. En definitiva las palabras que dijo Carlos Barrabés en la Fintech 2016 encierran una gran verdad: “En la humanidad, la centralización es la primera cosa que ocurre”.

El centralismo se acentuó aún más cuando los propios Estados cayeron en cuenta que el papel moneda era de gran importancia. Así, poco a poco, cada Estado fue promulgando leyes y decretos para regular su moneda, dentro de su territorio. Fue el origen de las instituciones que con el tiempo se convertirían en los bancos centrales, esas entidades que expiden dinero y devalúan su moneda cuando lo consideran conveniente.

Ya para finales del Siglo XX, la centralización monetaria era una realidad que predominaba en todo el mundo, esto al punto de que el valor de la moneda dependía directamente de las reservas y el alto nivel de confianza que tuviese el Banco Central. Era éste el que podía decir si una operación era nociva o no, que situación ameritaba cual medida.

A nivel político, es evidente que buena parte de la humanidad ha evolucionado de un modelo central como lo eran los estados feudales y las dictaduras a un sistema cada vez más descentralizado, más plural e inclusivo, un modelo de nichos que sin embargo, y muy curiosamente, también es global. Y es que según el propio Barrabés, la descentralización permite eso: “eficienta los esfuerzos y recursos para expandir el sistema”.

Entra la Blockchain

Con un progresivo avance de la descentralización en lo político y lo social, llamaba la atención que lo económico permaneciera centralizado. Y es que por más atenuantes que hubiesen (libre mercado, libre competencia, libertad de empresa, etc.), ninguno le confería un rol activo al usuario. Ninguno lo vinculaba de forma activa y por ende, no se podía hablar de una descentralización monetaria. Más bien, la idea de que más de un ente pudiese emitir dinero hacía pensar inmediatamente que la moneda en cuestión se devaluaría irremediablemente “porque era dinero sin aval oficial”, como diría Keynes.

Pero en 2009 las cosas comenzaron a cambiar, cuando una enigmática figura conocida como Satoshi Nakamoto, utilizando la criptografía para la seguridad, la blockchain para llevar los registros y la red P2P para evitar el doble gasto, creó la criptomoneda más exitosa que se haya conocido hasta los momentos: bitcoin.

Esta nueva moneda tenía un precepto revolucionario: la descentralización de la confianza. Ya no era necesario que una entidad avalara la moneda para que ésta tuviera valor. El bitcoin valía por sí mismo, por su crecimiento y por el trabajo de los mineros y usuarios. En un tono más poético, podríamos decir lo que dijo Carlos Barrabés en su charla de la Fintech 2016: la blockchain descentralizó la verdad y la puso en manos de todas y cada una de las personas.

Bitcoin y la tecnología blockchain son, en consecuencia, los dos elementos protagónicos de una hazaña tremenda que fue crear la primera forma de pago descentralizada. “Es un sistema complejo, un sistema casi federativo, uno en donde el sentido de pertenencia y empoderamiento están muy arraigados en sus usuarios” señalaba.

La contrapartida: volatibilidad y anonimato

Críticas y cuestionamientos no faltan. Nada es perfecto y desde el comienzo se tenía en cuenta que las criptomonedas (por su carácter volátil) podían ocasionar pérdidas en el patrimonio de sus usuarios, pero también grandes ganancias. En este sentido, pocas diferencias hay entre una criptomoneda y los activos de Wall Street. También está claro que sin Internet todo el sistema es insostenible, y desde luego ha habido críticas por el uso de las criptomonedas para transacciones ilegales en la Deep web, que van desde la compra de drogas y otras mercancías ilegales al lavado de dinero y la evasión de impuestos.

Sin embargo, quizás una de las críticas más acérrimas radica precisamente en el cambio de concepción que proponen las criptomonedas. Y es que en la medida que se populariza su uso, la sociedad se acerca cada vez más a otras transformaciones.

Con el bitcoin siendo usado de forma generalizada, los bancos centrales verían limitada su influencia sobre los sistemas de pago, su capacidad regulatoria se reduciría y la política monetaria se desvanecería del panorama. Muchos expertos ven en esto un riesgo para la estabilidad de precios. En última instancia, países como Ecuador, Rusia y Bolivia han restringido parcial o totalmente el uso de las criptomonedas y el motivo precisamente es que desean mantener el control. Pero por otro lado, países como Japón, han adoptado criptomonedas.

¿Hasta cuándo llegará esta confrontación? ¿Cuáles serán las consecuencias? ¿Se  convertirán las criptomonedas en una realidad predominante dentro del modelo económico global? Cada quien tendrá su opinión, pero para saber las respuestas sólo nos queda esperar.

La gobernabilidad 

Durante el MIT Bitcoin 2016, el debate de la crisis de la escalabilidad en la comunidad bitcoin ocupó un rol central y todos los ponentes coincidieron en que detrás de este debate se esconde el futuro de la gobernabilidad en la comunidad bitcoin.

Pero sin duda, fue el fundador de World Bitcoin Network, James D’Angelo, quien dio en el clavo al afirmar que “detrás del debate de la escalabilidad se esconde el conflicto entre centralismo y descentralización.” D’Angelo señaló que en la comunidad bitcoin existen usuarios que con suficiente dinero pueden controlar más de un CPU, y tener más de un voto a la hora de decidir, algo que catalogó como “El gran error de Satoshi”: asumir que en la Proof-of-Work un CPU vale como un voto.

Así, el modelo descentralizado del bitcoin no sólo se enfrenta a la centralización externa de la economía, sino que tiene una lucha interna que podría acabar por cambiar la propia esencia de la criptomoneda. Este es, sin duda, el mayor desafío que enfrenta bitcoin y es uno ante el cual todos están atentos, porque en él se define el curso que podría tomar la tecnología que para unos pone en riesgo el sistema económico y para otros “ha liberado la economía” con su modelo descentralizado.

Puede que Carlos Barrabés lleve razón en afirmar que “El centralismo es un modelo que funciona y funciona porque permite muchas deficiencias, porque es un ámbito pequeño y de hecho, la centralización seguirá mandando en las cosas pequeñas”. Afortunadamente, la blockchain y las criptomonedas no son un sistema pequeño, como tampoco lo es ya la economía. La progresiva adopción de las criptomonedas y/o su tecnología por parte de cada vez más empresas es la mayor muestra de ello.

Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no necesariamente reflejan aquellas de CriptoNoticias.

Acerca del autor

Mariano Puigvert

Periodista y emprendedor. Agente del mundo globalizado y entusiasta de los progresos del nuevo siglo.

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