El creador de Bitcoin se ha convertido en un mito. Su identidad ha sido objeto de especulación en todo el mundo, y desde los simples aficionados hasta los grandes medios y personalidades diversas han tenido alguna suposición al respecto.

Muchos nombres han salido a colación como posibles candidatos tras la máscara de Satoshi Nakamoto, pero quizás los más importantes han sido (hasta el momento) Dorian Satoshi Nakamoto, un hombre japonés-americano de California señalado por la revista Newsweek; y el polémico empresario australiano Craig Wright, quien ha afirmado, de hecho, ser Nakamoto, aunque a fin de cuentas no presentó ninguna prueba contundente. En ambos casos más bien se demostró que el seudónimo Satoshi Nakamoto sigue intacto.

Para el 2010, Nakamoto desaparece casi de forma literal. Entrega el control del repositorio del código fuente y la clave de alerta de red a Gavin Andresen, desarrollador de Bitcoin, transfiere dominios relacionados a otros miembros importantes de la comunidad Bitcoin y deja de participar en los foros y enviar e-mails desde su dirección original. Del mismo modo, su cartera digital, estimada en aproximadamente un millón de bitcoins, queda en el limbo.

Tras esta marcha del escenario, muchos han sido los esfuerzos por descubrir su identidad. De hecho, los dos antes mencionados, provocaron que Nakamoto volviera a enviar escuetos textos desde su viejo correo desmintiendo ser Dorian Nakamoto y Craig Wright, respectivamente. Desde entonces, el silencio ha sido su único mensaje, aunque la curiosidad casi morbosa por saber su identidad real continúa.

Sin embargo, ¿en verdad deberíamos saber quién es Satoshi Nakamoto? Muchos piensan que el ecosistema Bitcoin aún lo necesita, o al menos que podría necesitarlo en el futuro. Otros, en cambio, opinan que no importa en lo absoluto, pues su tecnología traspasa por mucho al personaje. Cada facción tiene sus propios argumentos, así que a continuación te presentamos algunos argumentos de porqué Satoshi Nakamoto debe mantenerse en el misterio.

Los inconvenientes de la fama

Lo primero en que deberíamos pensar es que tras el seudónimo japonés se esconde una persona (o varias) de carne y hueso que, pese a toda su genialidad, es tan mortal como el resto de los mortales. Si en primer lugar decidió esconderse tras un seudónimo sin duda tiene sus razones, e intentar escarbar tras ellas es una grave falta a su privacidad y un acto más bien desagradecido hacia quien decidió brindar al público esta tecnología que a tantos ha beneficiado.

Una de sus razones para mantenerse en el anonimato pueden ser los inconvenientes de la fama. En estos mismos momentos, cientos de hackers han demostrado que están ansiosos por bitcoins y no han dudado a la hora de extorsionar a sus poseedores. El Armada Collective y el DD4BC son sólo ejemplos. Y resulta que la fortuna de Satoshi, casi intacta y a la que sólo puede acceder él mismo, se estima en unos $600 millones, para el momento en que se escribe. Este puede resultar un gran atractivo para todo tipo de criminales, incluyendo a la peligrosa mafia rusa, que se extiende por todo el mundo y es famosa, entre otras cosas, por sus secuestros y extorsiones.

Límites de la legalidad

Otra buena razón para que Nakamoto se mantenga en el anonimato es que, de aparecer, podría convertirse en el chivo expiatorio de algunos gobiernos. Lo que quiere decir que podría recibir cargos legales en su contra por parte de ciertos Estados o inclusive corporaciones, culpándole de promover y/o facilitar los crímenes que se han realizado valiéndose del Bitcoin. Como ya hemos tratado con anterioridad, en varios países se ha prohibido la criptomoneda y en prácticamente todos despierta suspicacias.

Lo cierto es que, lastimosamente, dichas suspicacias están fundadas: ya son varias las ocasiones en que se relaciona al bitcoin y demás criptomonedas con actividades ilícitas, incluso con el terrorismo, pues al no estar regulada por ningún gobierno y mantener a sus clientes en el pseudoanonimato, naturalmente, podría ser la preferida de muchos criminales. Esto no quiere decir que vaya a continuar así en el futuro, pues el Bitcoin y la Blockchain aún son tecnologías emergentes que necesitan madurar y están en pleno proceso de hacerlo.

De momento, el bitcoin ya es ilegal en países como Bangladesh y Bolivia, y está regulado en territorios como Canadá y Bulgaria.

Descentralización

El bitcoin, más que una moneda, es en sí mismo un ideal. Muchos están de acuerdo en que Satoshi Nakamoto es fiel seguidor de la ideología Cyberpunk tras su revelación de que el bitcoin está inspirado en la lista de email Cypherpunk de 1998, del criptógrafo Wei Dai.

Tal corriente aspira a una sociedad donde el poder centralizado sería un concepto más bien obsoleto, en donde la información correría con libertad pero al mismo tiempo se utilizarían sofisticados sistemas de cifrado para mantener la privacidad de cada persona. Y, por supuesto, el dinero electrónico sería lo más popular. En general, la literatura cyberpunk presenta la preocupación (muy actual en realidad) del control y vigilancia de la población mundial por parte de los gobiernos y grandes corporaciones que tan fácilmente pueden resultar corruptos.

Nakamoto desconfía de la autoridad y es evidente que no aspira a ser una, de lo contrario ya se habría mostrado y asumido el liderazgo. En cambio, decidió tomar y respetar la senda de la descentralización, donde ningún gobierno o corporación podría asumir desde las sombras las riendas de la sociedad. Ni siquiera él mismo.

El problema fundamental del dinero convencional es toda la confianza que se requiere para hacerlo funcionar. Debemos confiar en el banco central para que no devalúe la moneda. Pero la historia del dinero fiduciario está llena de abusos de esa confianza (…) Hace una generación los sistemas de ordenadores de usuarios múltiples tenían el mismo problema (…) Después llegó la encriptación fuerte y ya no tenía que basarse en la confianza. Los datos podían asegurarse de una forma que hacía imposible que fueran accesibles por otros. Es tiempo de que tengamos lo mismo para el dinero.

Satoshi Nakamoto

Creador de Bitcoin

Mantener el espíritu descentralizado del Bitcoin es una buena razón para mantenerse en el anonimato. Como él mismo escribió tras la polémica de Craig Wright: “No soy Craig Wright. Todos somos Satoshi“.

No ha demostrado ser peligroso

La preocupación que han esgrimido varios especialistas reside en la propia Bitcoin Wallet de Satoshi, que resguarda al menos el 7.5% de todos los bitcoins y que ha estado inactiva durante años. Se ha pensado que, en el peor de los escenarios, el creador de la criptomoneda podría ‘descargar’ toda esa cantidad de una sola vez, provocando que los precios en el mercado se redujeran drásticamente. Teniendo tantos bitcoins, en realidad, podría hacer crecer su valor o descenderlo en su totalidad. Tal poder pone nerviosos a muchos.

Con todo, hasta los momentos, Satoshi no ha demostrado ser peligroso en absoluto. Sencillamente, se ha recluido en el anonimato. Ahora mismo el Instituto Nakamoto resguarda todos sus artículos, correos y citas, que hablan en general de un hombre que trata siempre de alcanzar la libertad y la igualdad.

Sí, [no vamos a encontrar una solución a los problemas políticos en la criptografía,] pero podemos ganar una importante batalla en la carrera de armamentos y ganar un nuevo territorio de libertad durante varios años. Los gobiernos son buenos para cortar las cabezas de las redes centralizadas como Napster, pero las redes P2P como Gnutella y Tor parecen seguir por sí mismas.

Satoshi Nakamoto

Creador de Bitcoin

De haber orquestado todo el bitcoin únicamente para aspirar a ganancias personales, no se hubiera retirado y habría conservado la totalidad de la minería en lugar de repartirla por todo el mundo. Su comportamiento hasta la fecha, sin duda, no nos habla de alguien peligroso. Por tanto, ¿para qué pedirle cuentas a la persona tras el seudónimo, que ha legado al mundo casi la totalidad de su invento?

El autor ha muerto

En última instancia, podríamos decir lo mismo que Roland Barthes: el autor ha muerto. Tal frase no es literal, sino que se refiere a cómo en la literatura, a fin de cuentas, no importa quién haya creado una historia, pues el lector no lo necesita para disfrutarla ni para interpretarla. Sucede lo mismo con el Bitcoin, la blockchain y las criptomonedas.

Hasta los momentos el mercado en torno a ellos ha ido en crecimiento sin importar la ausencia de su creador original. En principio Nakamoto estuvo allí para despejar todas las dudas, para difundir su utilización y, de cierto modo, para supervisar los resultados. Todo bajo la discreción y la humildad de un seudónimo, mientras que sus propios bitcoins siguen intactos, no llegaron a gastarse ni siquiera cuando alcanzaron el valor de $1100 en 2014. Por lo poco que sabemos de él o ella, podemos deducir que su ambición, más que el dinero, era cambiar el mundo.

Cumplida su misión, porque sin duda el mundo ya está cambiando entorno a esta nueva tecnología, el autor ha muerto. Y sólo quedan sus lectores para seguir dando vida a su historia, que es el Bitcoin. Al fin y al cabo, las grandes historias no son para quien las crea, sino para todos los que las reciben.

Curiosamente, la frase de Barthes, en nuestro caso, tiene posibilidades de ser literal. Hal Finney, fiel seguidor de la ideología cyberpunk, activista criptográfico, el primer receptor de bitcoins de la historia y quien desarrolló el PoW antes del Bitcoin, fue uno de los grandes candidatos propuestos para ser Satoshi Nakamoto. Lamentablemente falleció el 24 de agosto de 2014 debido a la esclerosis lateral amiotrófica, dejando inconcluso el Bcflick, un software experimental que serviría para reforzar los monederos de las criptomonedas. Actualmente su cuerpo reposa congelado en la Alcor Live Extension Foundation, una empresa encargada de la conservación criogénica de órganos humanos.

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